Hace un tiempo tuve una conversación con alguien en la que le explicaba por qué un culebrón romántico estaba dedicado a un público masculino.
Con toda la cara de asco, este persona que ronda casi los cuarenta años, no podía entender por qué un señor iba a sentarse a mirar una novela adolescente de un chico que llora porque no le da pelota la chica que le gusta. Y puesto así, yo tampoco.
En mi mismo entorno, tengo gente que le encantaría leer un manga de este estilo y otra que prefieren un buen dibujo de más de cien capítulos donde haya piñas, patadas y más piñas. Es que en el anime hay para todos los gustos pero muchas veces los productos no terminan siendo consumidos por el público al que originalmente va dirigido.
Con toda la cara de asco, este persona que ronda casi los cuarenta años, no podía entender por qué un señor iba a sentarse a mirar una novela adolescente de un chico que llora porque no le da pelota la chica que le gusta. Y puesto así, yo tampoco.
En mi mismo entorno, tengo gente que le encantaría leer un manga de este estilo y otra que prefieren un buen dibujo de más de cien capítulos donde haya piñas, patadas y más piñas. Es que en el anime hay para todos los gustos pero muchas veces los productos no terminan siendo consumidos por el público al que originalmente va dirigido.
