Los que hayan leído alguna de mis columnas anteriores sabrán que una de las cosas que más me interesa de la ciencia ficción es la capacidad que tiene de plantear temas o problemáticas básicas del comportamiento humano, pero desplazadas de nuestra contemporaneidad y trasladadas a un futuro lo suficientemente lejos como para poder tratarlas con la distancia suficiente.
Quizás por eso es que me gusten tanto series como Star Trek, Babylon 5, Farscape, Firefly o las nuevas apuestas de SyFy como KillJoys, Dark Matter o The Expanse.
Y también soy muy fan de la sátira, porque a través del humor se pueden tocar esos mismos temas y hacerlos más accesibles, más posibles de ser tratados.
El problema con la sátira es que al tener una frontera muy delicada, se tiene que tener una maestría muy importante para ejecutarla correctamente.
