Hace exactamente una semana la super-estrella asiática de artes marciales moderna, la leyenda viviente, el actor chino más carismático de todos y uno de los mayores evasores fiscales de oriente… ¡oiga!, cumplió 62 años, y teniendo en cuenta que hace apenas unas semanas se corrió el rumor de que había muerto en una explosión, sumado al hecho del reciente estreno por parte de Netflix de una secuela de un celebrado film del género que 16 años atrás abrió el siglo penetrando, una vez más, el mercado internacional con una superproducción impecable que al día de hoy sigue siendo mencionada por los fans [Crouching Tiger, Hidden Dragon (2000)], para mí fue casi una llamada escribir esta reseña. Está bien, la estoy entregando una semana después, lo admito, pero cuando vean el contenido de la misma creo que van a saber apreciar el retraso.
