En una industria televisiva saturada de estrenos y producciones de disímiles calidades, las cuales, además, apuntan a públicos muy variados, es complicado encontrar un showrunner que en menos de un año haya participado de dos producciones a primera vista diametralmente opuestas pero ambas con una calidad altísima, tanto en sus tramas como en la producción detrás de ellas, por eso creo meritorio comenzar la reseña enfatizando este punto, ya que el productor y guionista Noah Hawley ha dado en el clavo no solo con la 3er temporada de una de sus creaciones, Fargo, sino también con la excelentísima y muy jugada Legion de FOX que concluyó hace apenas unos meses y dio que hablar no solo en el ambiente comiquero sino también fuera de él. Nunca el conflicto mutante de Marvel Comics se tornó tan interesante para el público masivo en alguna de sus versiones live-action como con esta corta miniserie de 8 capítulos que se dio el gusto de explorar los lados más oscuros y recónditos de la mente haciendo uso de un puñado de inteligentes y frescos recursos narrativos, transitando estados de psicodelia puros que serían la envidia de John Lennon y Syd Barrett.
